Cultura

12 años sin el Negro

Cine Negro: un film que homenajea la obra de Roberto Fontanarrosa

A 12 años de su muerte, dialogamos con Mariana Wenger, directora de la película documental Cine Negro, un retrato sobre la vida y obra del escritor y dibujante rosarino.

Viernes 19 de julio | 04:30

Fotografía: Daiana Barrios

No podíamos hacer la entrevista en otro bar que no sea El Cairo. Allí nos esperaba Mariana Wenger, sentada en la mesa de los galanes. Como amiga personal del Negro, dirigió dos documentales sobre él; en 1997 “Fontanarrosa se las cuenta y confiesa que ha reído” y en 2006 “Cine Negro”, una película documental que mezcla biografía y homenaje por parte de comediantes y artistas de todas las disciplinas. Del mundo del teatro, cuenta con la colaboración de Les Luthiers, también participan dibujantes como Caloi y Crist, y músicos como Joan Manuel Serrat y Fito Paez. Mariana acaba de terminar su último film “Infancia perdida”, que junto con “Un arma peligrosa y “Otros sentidos”, le da el cierre a una trilogía de películas que contaron con la voz y los textos de Eduardo Galeano.

¿Cuándo lo conoces al Negro?

Yo lo conozco de una manera muy particular porque mi padre tenía un estudio de arquitectura que se llamaba Espacio y Fontanarrosa estaba en su etapa de publicista, que era genial, dibujaba maravillosamente bien, tenía unas ideas creativas increíbles. Le hace la publicidad al estudio de mi padre. O sea que lo conozco desde muy chica. Y después, en otra oportunidad, que yo vengo para El Cairo, paso por la mesa de los galanes y dice: “cómo crecen las nenas, eh”. Comentario que hoy no estaría permitido (risas). Pero bueno, yo me doy vuelta y era el Negro, así que me invita por primera vez a la mesa de los galanes. A partir de ahí siempre me invitaba. Después el INCCA largó un concurso con la provincia de Santa Fe, y le digo “Negro, mira queremos hacer un documental sobre tu historia”.

Este fue el documental del 97, la primera película…

Claro, que se llamó “Fontanarrosa se la cuenta y confiesa que ha reído” porque al Negro le gustaba mucho Woody Allen y los nombres largos que tenían las películas como “Robó, huyó y lo pescaron”. Entonces ahí hacemos la primera con una gran convocatoria de artistas, de amigos que se prestaron maravillosamente. Y después, con el tiempo, él me dice “por qué no hacemos una remake revival de la peli, porque mis personajes han crecido y quiero dedicárselo a mis personajes”, al Boogie y a Inodoro. Entonces ahí hice “Cine Negro” que tiene algunas cosas rescatadas de la primera película. Es que en esa época él ya había crecido como artista a horrores y sus personajes habían crecido también.

En Cine Negro aprovechas la presentación para mostrar la influencia en el humor de Fontanarrosa, con recortes de escenas de La Fiesta Inolvidable de Peter Sellers, el Frankestein de Mel Brooks, Woody Allen, o sea los personajes que lo hicieron reír a él…

Exactamente, hice una presentación lo más divertida que podía, con los artistas que él admiraba. Admiraba a muchos otros pero no podíamos hacer una presentación eterna. Y después se lo mande como cortito a parte a esta versión, y él lo disfruto mucho.

¿Cómo fue el trabajo en la construcción del relato de la película? ¿Fue compartido con él, o fue tuyo?

Fue una construcción en grupo porque trabajamos siempre en equipo, pero no fue compartida con él, no se metía en nada. Sí, por supuesto que yo le consulte quienes quería que estén, los aspectos, los familiares, las personalidades. Él me hizo un listado en la primera película, después ese listado se extendió un poco en la segunda y era horrible porque decíamos, sacamos algunas personalidades, ponemos a otras. Era como la Decisión de Sofia de Meryl Steep (risas). Cómo sacas, a quién sacas. Y después si me centré en sus personajes, y trabajamos con tres estudios de animación para hacer los dibujos, tanto del Boogie como del Inodoro.

La cronología de la película sigue su vida, su infancia y adolescencia en la escuela, luego cuando se cruza con el dibujo técnico y lo odia. Empieza a trabajar en la empresa de publicidad, en una revista de Rosario, y luego en Hortensia, y ahí es donde desarrolla los personajes principales en sus historietas: El Boogie e Inodoro.

Claro, después esta también el bloque de futbol, que siempre fue muy importante en su vida, obviamente, y luego la etapa de literatura. Que es una etapa maravillosa porque seguimos disfrutando de sus cuentos. Después hay una parte en la película es la del teatro en Buenos Aires, donde se llevan adelante los cuentos en Canal 7.

¿Cómo fue la disposición de los artistas a la hora de colaborar con la película?

Yo siempre digo que fue la más fácil de producir, a pesar de que era muy voluminosa y muy enrollado hacer algo tan largo y había millones de compromisos con el artista. Pero fue la más fácil porque todo el mundo quería estar por él. Entonces vos levantabas el teléfono y era si a todo. ¿Cuándo te pasa eso en una producción? Tenes que remarla.

En un repaso de tus películas hay una serie de elementos que se reiteran como es la literatura. Por ejemplo, el corto de Juanito Laguna que es armado con textos tuyos.

Los textos en mis películas son míos.

Claro, pero salvo en las películas que participa Galeano.

No, claro, si lo tengo a Galeano no voy a tener la impertinencia de poner textos míos. Él no aparece en la película del Negro porque justo se enferma de cáncer. Entonces me dice: “Mira tengo que enfrentar un león, así que no voy a poder filmar la peli del Negro”. Pero cuando hacemos el estreno de Cine Negro en Uruguay, él tiene la generosidad de armar un corto, un spot publicitario para que se viera en el Uruguay sobre su amigo, para poder participar de alguna manera. Una cosa conmovedora.

Pero tengo una anécdota más divertida aun sobre las pelis con Galeano. Tengo la impertinencia (que es una palabra que uso mucho porque me divierte) de escribirle por mail. Le digo “yo no puedo no preguntarle cómo salió la operación, yo quisiera seguir preguntando cómo esta de salud”, etc. Siempre que le escribí me respondió al toque. Una persona educadísima, de perfil bajo y me respondía al día siguiente.
Pasó el tiempo, y le escribo de nuevo “señor Eduardo Galeano, perdón la impertinencia, quiero hacer una trilogía de tres films, con sus textos. En una voy a hablar sobre la mirada, que va a ser el largo, y después voy a hacer dos cortos: uno sobre los derechos de la mujer, que es “Un arma peligrosa”, y el último que acabo de terminar, que esta fresquito, que es sobre trabajo infantil, que se llama “infancias perdidas”.

Yo me acuerdo que salté cuando me dice si, de la misma manera que vos saltas cuando te diste el primer beso con la persona con la cual vos estabas enamorada en tu vida. Me acuerdo haber saltado de adulta en mi pequeño estudio en Baigorria cuando leo el sí de Galeano.

A los dos días me escribe de nuevo y me dice “mantenga sus ideas, los textos que usted quiera utilizar. Solo le voy a pedir un favor. Solo le voy a pedir que sea con mi voz.”

Entonces le escribo, y le digo “pero usted me está pidiendo algo como si a mí me estuviese llamando Robert De Niro en este mismo instante y me dijera quisiera tener una charla con vos, pero tiene que ser que yo te pueda invitar a cenar”. ¿Qué me está pidiendo? Por favor. Claro, lo mejor del planeta me está pidiendo (risas).

Volviendo un poco al Negro ¿Qué es lo que te enamora, desde el punto de vista artístico, en cuanto a su creación, sus personajes, la literatura? ¿Cómo lo preferís vos, en libro o en historieta?

A mí me atrapaba desde todos sus costados. Como bien dice Luis Puenzo, el director de cine, “Negro, vos bien podrías haber sido un artista renacentista” por su diversidad. Su riqueza en cada uno de sus artes. A su vez un humor de carácter reflexivo. Por otro lado, sus historietas, sus personajes. La ternura de Inodoro Pereyra, la acidez de Boogie, el aceitoso. Yo soy una gran lectora de policiales, y el Boogie tenía tanto que ver con eso. Además me enamoraba su persona, dadivosa, buen padre. Una persona completa, bajo perfil, humilde. Tomando la definición de Puenzo, su costado renacentista es que podía hacer todo bien. “Negro, vos podrías haber hecho una sola de las cosas y brillar”. Pero no, hacías todas y brillabas en todas.

Hay una parte de la película donde Crist cuenta que durante el periodo de la revista Hortensia y como una insinuación sobre la creación del Inodoro, que a ellos les divertía mucho la retórica de Armando Tejada Gómez.

Claro, esa retorica de la gauchezca. Ese día fue muy gracioso porque dice: “faltaba una figura que llevara a la historieta esa retórica de Tejada Gómez”. Pero más me divierte la parte del Boogie, porque Crist dice “Nosotros hablábamos como el Boogie: quiero que la ráfaga sea baja, para que no quede nadie vivo”. A veces jugaban con una pistola de juguete, que les trajo problemas en la calle, pero salían a jugar por Alberdi, a Boogie.

¿Y la creación es un juego también, no? Hay que jugar para crear.

Ellos jugaban creando. Para crear hay que sufrir un poco, crear mucho, ser feliz. Es una coctelera. Tenes los tangueros que te dicen que para crear hay que sufrir. Para hacer tango por lo menos. Yo digo que es un juego, como el cine de animación. Yo muchas veces recuerdo haberle dicho a Roman de chiquito y a mi hija Sofía también; “Mamá se va a jugar”. En lugar de decirle, me voy a trabajar. Porque siempre uno estaba jugando, es un trabajo hermoso.







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