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LEGALIZACIÓN YA

Damián, procesado por cultivar: “Gracias a la lucha de la gente, paso la Navidad en casa”

Al igual que muchas personas, el joven de Ensenada estuvo preso medio año en una causa armada por la Policía. Su “delito” fue producir cannabis para calmar dolores causados por un grave accidente. La movilización social logró que le den la domiciliaria. La Izquierda Diario lo fue a visitar.

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 24 de diciembre de 2019 | 15:57

Damián Raña desde su casa, tras meses preso injustamente por cultivar cannabis con fines medicinales - YouTube

El caso del joven de Ensenada Damián Raña, a quien la Policía Bonaerense le armó una causa por narcotráfico y el Poder Judicial lo mantuvo casi seis meses preso en una alcaidía del Servicio Penitenciario, fue seguido de cerca por muchas lectoras y lectores de La Izquierda Diario.

El caso fue relatado en profundidad por este medio, dando a conocer cómo le armaron la causa al joven de 27 años y también difundiendo toda la lucha de su familia, las organizaciones cannábicas y la izquierda por su liberación y desprocesamiento.

Fuero muchas las cosas que le pasaron a Damián entre la madrugada del domingo 23 de junio (cuando le allanaron la casa y se lo llevaron a la Comisaría Primera de Ensenada) hasta el mediodía del jueves 5 de diciembre, cuando tras una audiencia en el Juzgado de Garantías N°6 de La Plata le informaron que el juez Agustín Crispo y la fiscal Ana Medina le concedieron la prisión domiciliaria mientras espera que se resuelva su situación procesal.

Días después de desembarcar en la casa de Teresa, su madre, Damián recibió a La Izquierda Diario. La charla fue larga y sobraron las risas y las anécdotas de lo vivido en este medio año.

Teresa y Damián en el patio de la casa de Ensenada
Teresa y Damián en el patio de la casa de Ensenada

Todo muy loco

Raña dice que los primeros días en la casa fueron “muy locos”. Una gran cantidad de gente, amigos y familiares no pararon de visitarlo y darle todo el cariño. “Además, fui leyendo y mirando todo lo que se había hecho por mí durante estos meses y recién ahí me di cuenta de muchas cosas que preso no tuve oportunidad de saber”, dice mientras ceba un mate.

Damián recuerda con mucho detalle casi todo lo vivido. Incluso, pese al paso del tiempo, en la tranquilidad de la casa materna algunos hechos se hacen presentes con más claridad.

“A la Alcaidía Petinatto ya entré hablándole a todo el mundo del cannabis, de sus propiedades y de que no está bien que me metan preso por cultivar. Cuando me estaban haciendo la requisa para entrar, mientras hablaba de eso, se juntaron varios penitenciarios alrededor y me escuchaban con mucha atención, les interesaba conocer la receta del aceite porque varios tienen familiares o conocidos que lo necesitan. Eso fue muy loco también, me escuchaban muy interesados pero al rato ellos mismos me terminaron metiendo en la celda”, recuerda con una mueca de ironía.

Lo mismo le pasó con sus compañeros de prisión, quienes siempre se mostraron solidario y muy interesados en la producción con fines medicinales. “A varios les enseñé varias cosas relacionadas con el cultivo y con la elaboración del aceite y la crema”.

Lecciones de un sistema inhumano

Los casi seis meses vividos preso fueron muy aleccionadores para Damián. Obviamente no para hacerlo pensar que era “culpable” de algo sino para entender cómo se maneja el Estado con la juventud que no tiene la “suerte” de ser de la alta sociedad y gozar de los contactos para evitar que la Policía y la "justicia" los criminalice.

Tal vez lo único que rescata de esa experiencia es haber conocido a una psicóloga que lo asistía en la primera de las dos alcaidías en las que estuvo. La profesional “iba una vez por semana y teníamos charlas muy buenas, que me sirvieron mucho para ’sacarme’ de esa situación, era como un recurso que podía usar en mi beneficio, para salir de la celda un rato y mantenerme cuerdo en medio de tanta locura”.

Una de las movilizaciones en La Plata por la libertad y el desprocesamiento de Damián
Una de las movilizaciones en La Plata por la libertad y el desprocesamiento de Damián

Sobre las condiciones de detención en la Petinatto, Damián afirma que “es todo una completa locura. Primero que estás las 24 horas encerrado con otra gente en celdas sin ventilación y con muy poca luz, solo podés salir a un patio pequeño durante una hora al día. Al principio compartí celda con otros tres y después con diez más, en una celda un poco más grande. Y era todo muy ’ATR’, porque estaba quien se levantaba a las 7 de la mañana y quien se acostaba a las 3, era todo muy movido. Las camas, además, son de terror, no hay colchones sino unas bolsas rellenas con restos de telas, a veces cubren solo la mitad de la cama y vienen siendo usadas por muchas personas desde hace mucho tiempo. Son condiciones inhumanas”, afirma sin dudar.

Vale decir que la Alcaidía Roberto Petinatto está considerada uno de los mejores lugares para estar detenido por un tiempo prolongado. Los últimos días preso coincidieron con la protesta (con huelga de hambre incluida) de miles de presos de cárceles bonaerenses por la crítica situación alimentaria, donde hubo largos días en los que solo se proveía fideos y arroz para los internos, sin carne, ni verduras ni frutas.

“Hay gente que termina presa por haber sido agarrada sin hacer nada, pero como tenía algún antecedente terminó otra vez ahí, con causas armadas. Me enteré de varios casos así. Hay causas de todo tipo que arman tanto la Policía como la Justicia. El tema es que no te enterás hasta que no te pasa a vos o a alguien conocido”, reflexiona.

Y agrega que “muchos terminan ahí porque no tienen nada ni a nadie. Son desamparados del sistema que no entienden prácticamente nada de lo que les está pasando y nadie se los explica. Viven el minuto a minuto así y eso se convierte en su vida. Es muy terrible”.

Luis Raña, quien junto a Teresa estuvieron al frente de cada marcha por Damián
Luis Raña, quien junto a Teresa estuvieron al frente de cada marcha por Damián

Criminalizar por un lado, hacer negocio por el otro

Ahora que no vive el día a día con la incertidumbre de no saber cuál sería su destino (“llegué a convencerme de que enero y febrero los iba a pasar ahí”), Damián se da el tiempo para analizar qué pasó en esos meses de cautiverio.

“Me di cuenta de que la Policía usa en muchos lados el mismo cuento para entrar a tu casa. Llegan y te dicen que hay una denuncia de vecinos por ruidos en los techos y se terminan metiendo, pero ya te tienen marcado y entonces te hacen un allanamiento a vos. Acá pasó en Barrio Aeropuerto y también hay un caso que conozco de Mar del Plata”, dice mientras calienta otra pava de agua.

“Es todo tan hipócrita que no lo podés creer. Hay una burocracia tremenda en la que todos saben que sos inocente, que no hiciste nada malo, pero que igual cada uno hace su ’trabajo’ y el sistema sigue funcionando”, afirma con bronca.

Sobre la causa, agrega que “el expediente no tiene muchas hojas, sin embargo los jueces de la Cámara de Apelaciones lo tuvieron cajoneado más de dos meses mientras afuera mi familia y las organizaciones marchaban pidiendo una respuesta. Y cuando volvió a bajar al juzgado lo hizo como subió, es decir que ni lo tocaron, no plantearon ninguna cosa nueva ni nada. No sé siquiera si lo habrán leído”, se indigna.

De hecho recién cuando el expediente volvió a manos del juez Crispo la defensa de Damián pudo incorporar toda la documentación sobre la salud del joven y aportar testimonios que avalan su conducta y su producción de cannabis con fines medicinales. “Pero obviamente si no estaban todos los que estaban haciendo quilombo afuera, yo estaría ahí todavía”, aclara.

Con esta experiencia, Damián entendió en poco tiempo que la llamada “justicia” no es más que un sistema de poder que te puede arruinar la vida según los intereses que defienda. “Es como la idea de Dios, que de chiquito de la imponen y crecés creyendo. Dicen ’la justicia, la justicia’ y después te das cuenta de que no es así, de que todo se maneja por plata y por poder”, sentencia.

Él ya está convencido de que “a todos los pobres que terminan presos es como que el sistema a propósito los manda ahí, los saca de la sociedad y los mantiene marginados. Son todos personas pero es como que la decisión es no hacer nada con ellos. Y los usan para controlar al resto de la sociedad”, dice en referencia a la amenaza de que la cárcel siempre puede ser un destino si no se ajustan las conductas a lo que el poder quiere.

“El otro día lo escuchaba hablar a Alberto Fernández. Un discurso muy bonito, en favor de los maestros, de los jubilados. Y en un momento me dije ’pará, cada cuatro años escuchamos lo mismo’, no puede ser. Las cosas de fondo nunca las van a cambiar esos gobiernos”, agrega convencido.

Es que ya sabe que “al cannabis lo prohíben los mismos que después agarran una parte del negocio que se genera estando prohibido. En La Plata todos sabemos que en el diagonal 73 todas las noches se vende públicamente cocaína, la Policía lo ve, lo sabe y está ahí. Si lo pensás ingenuamente, no podés creerlo. Pero el sistema es así. Mientras tanto, en lugar de hacer más escuelas se la pasan poniendo más policías en la calle, más cámaras y todo eso”, vuelve a indignarse.

Masiva protesta en las puertas de los Tribunales de La Plata
Masiva protesta en las puertas de los Tribunales de La Plata

Los dolores empiezan a aplacarse

Damián tuvo un tremendo accidente de tránsito a mediados de 2018. Después de un largo tratamiento médico, a principios de 2019 le recomendaron usar derivados del cannabis. Ante la posibilidad de producir caseramente, decidió interiorizarse en recetas y métodos. Con la aplicación de sus primeras producciones de aceite y crema comenzó a sentirse mucho mejor y hasta abandonó el diclofenac y el ibuprofeno.

Durante sus meses de prisión el Poder Judicial le prohibió usar el cannabis medicinal con lo que los dolores volvieron con fuerza. En pocos días de estar en su casa, Damián ya empezó a ver una merma de esas dolencias nuevamente.

“Empecé a mover más el cuerpo con ejercicios, cosa que preso había dejado de hacer por mi misma situación. Fueron meses de mucha inmovilidad y donde no tenés directamente ganas de hacer nada”.

Recuerda que, gracias al cannabis, “el dolor constante en todo el cuerpo tuvo una importante merma. Es un dolor que es muy fuerte en la espalda y sobre todo en la pierna, que es donde tuve el impacto. A mí me estalló el fémur y muchas esquirlas de hueso quedaron incrustadas en la carne, por eso hasta que el mismo cuerpo las absorba los dolores van a seguir. El cannabis es lo único que me los calma”.

Damián sonríe gracias a que sus dolores merman con el uso del cannabis
Damián sonríe gracias a que sus dolores merman con el uso del cannabis

La libertad hasta ahí

Ahora Damián puede salir semanalmente, por orden del Poder Judicial, para tener sesiones de psicología en el Hospital Rossi. Eso le permite viajar al menos un par de días a la semana varios kilómetros desde Ensenada a La Plata. El resto del tiempo lo pasa en la casa de su madre, donde el juez de Garantías Agustín Crispo aceptó que cumpla su prisión preventiva.

Con su sonrisa a flor de piel, no encuentra palabras para agradecerle a su papá Luis, a Teresa, a su hermano, a sus amigos, a sus vecinos y al resto de la gente que conoció a partir de esta lucha por todo lo que hicieron en su defensa.

Por eso la charla termina con un mensaje especial para todas las personas que conocieron su historia (por este y otros medios) y que inmediatamente se solidarizaron con él y salieron a la calle a exigir su libertad y desprocesamiento.

“Después de lo que me pasó, ya no veo todo con los mismos ojos. Todo lo que es policial, judicial ya lo veo distinto. Nada es como se lo muestra. Yo no me arrepiento de nada de lo que hice ni mucho menos. No solo hice algo que me hace bien a mí sino que no le hace mal a ningún tercero. Sabemos que esto es ilegal, pero no significa nada malo, ni moralmente ni nada. ¿Entonces qué es lo que está mal, las leyes o las plantas? Las leyes. Por eso hay que cambiarlas”.

“¿Algo más?”, le pregunta La Izquierda Diario. “Sí, que mientras tanto todas las personas que quieran hacerlo tomen muchas precauciones, que no confíen nunca en la Policía y que traten de juntarse con quienes se vienen organizando en esta pelea común para lograr que podamos cultivar tranquilos sin estar perseguidos por el Estado”. Y lo dijo con una sonrisa.







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