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La renuncia del primer ministro islandés y los Panama Papers

Los “Panama Papers” por el mundo. Cae el primer ministro en Islandia. Políticos burgueses ensayan “explicaciones” en diversas latitudes. Un pequeño símbolo del funcionamiento del capitalismo.

Miércoles 6 de abril de 2016 | Edición del día

Este martes las filtraciones de los llamados “Panama Papers” se cobraron su primera víctima, el renunciado primer ministro de Islandia Sigmundur David Gunnlaugsson. La difusión de la existencia de una compañía “off shore” propiedad primero de él y luego de su esposa fue la gota que rebalsó el vaso para miles de islandeses que salieron a las calles para pedir su dimisión. Más de 20 mil personas se movilizaron en el país, sobre una población total de 320 mil habitantes.

Gunnlaugsson, un conservador de centro-derecha, renunció antes de votarse una moción de censura en el Parlamento, y horas después de pedir al presidente la disolución del Parlamento. El número dos del gobernante Partido Progresivo, Sigurdur Ingi Johansson, dijo a los periodistas que su formación política sugerirá a sus socios de coalición el Partido Independencia su propio nombramiento como primer ministro.

La continuidad de las movilizaciones podrían echar por tierra ese plan. Por otro lado, las fuerzas opositoras plantearon el adelantamiento de las elecciones, entre ellas la Alianza Socialdemócrata y el Partido Pirata. Este último, según algunas encuestadoras sería el favorito en caso de una nueva elección.

La de Gunnlaugsson, es la segunda caída de un gobierno de centro-derecha en Islandia desde el inicio de la crisis capitalista de 2008. En 2009, en medio de movilizaciones populares y del colapso de la economía, renunciaba el primer ministro Geir H. Haarde del derechista Partido de la Independencia, que gobernaba en una coalición con la Alianza Socialdemócrata surgida en mayo de 2007, pero que ahora es parte de la coalición con el Partido Progresivo del actual primer ministro renunciante. Las vueltas de la historia.

La crisis económica en aquel entonces tuvo efectos devastadores sobre las masas. Un tercio de la población perdió sus ahorros, se disparó la tasa de desempleo, la moneda local cayó un 40% afectando directamente el consumo de las masas que depende en gran medida de productos importados. Mientras tanto al igual que en todo el mundo, los capitalistas siguieron haciendo jugosos negocios.

La filtración de los “Panama Papers” sobre que la empresa off-shore, acreedora de los bancos que quebraron en el 2008, propiedad de Gunnlaugsson y luego vendida a su la esposa, hija de un importante propietario de concesionarios de Toyota, es solo un pequeño recordatorio de aquel principio capitalista para las masas.

Negocios son negocios

La ola de filtraciones de los más de 11,5 millones de documentos del bufete panameño Mossack Fonseca viene tocando las más diversas latitudes. Más allá de la hipocresía de Obama diciendo que es "un nuevo recordatorio de que la evasión tributaria es un gran problema global" y de la llamativa ausencia de figuras de peso norteamericanas en las listas que se divulgaron, lo cierto es que los “Panama Papers” provocan indignación porque son un pequeño –tal vez hasta ínfimo- recordatorio global del parasitismo de los capitalistas y sus agentes.

Los mismos que se esfuerzan en evitar impuestos son los que día a día exigen a las masas someterse a planes de ajuste, los mismos que exigen “sacrificios” a los trabajadores y los pueblos del mundo, ya sea, menos salario, flexibilización laboral, menos jubilación, y muchos etcéteras. En las listas divulgadas, casi ridículamente parciales, se pueden ver varios ejemplos ilustrativos, además del de Islandia.

Según las filtraciones de los "papeles de Panamá", al menos 28 bancos alemanes recurrieron a los servicios del bufete panameño Mossack Fonseca y crearon o gestionaron para sus clientes más de 1.200 empresas fantasmas. Los mismos bancos en cuyo nombre y bajo cuyo interés se devastó a Grecia, donde al día de hoy las masas siguen sufriendo la “austeridad” administrada por Syriza para pagar la tremenda deuda “pública” con la que se enriquecieron aquellos mismos bancos en sociedad con los capitalistas locales.

También tenemos a al empresario Petró Poroshenko, actual presidente de Ucrania, que, según las informaciones publicadas a partir de la filtración de documentos de un bufete panameño, creó tres sociedades off-shore en agosto de 2014, en el momento más duro de la guerra en el este de Ucrania en la cual murieron miles de personas. Como era de esperar, en una conferencia de prensa en Berlín junto a la canciller alemana, Angela Merkel, la directora del FMI Christine Lagarde, se cuidó de evitar cualquier crítica a Poroshenko, eso sí, reafirmó que el FMI “lucha contra la corrupción”. Faltaba más.

En Latinoamérica, podemos ver un ejemplo, en el presidente argentino Mauricio Macri, el “golden boy” de la nueva derecha latinoamericana. Este empresario figura personalmente como director de una de las empresas ventiladas por los “Panama Papers”, su hermano participa de ocho de estas firmas en Panamá, y así como varios de sus funcionarios. Este es el gobierno que se encuentra aplicando un feroz ajuste sobre los trabajadores y el pueblo, con tarifazos, y despidos, exigiendo “sacrificios” para “sincerar la economía”, llamando “ñoquis” y acusando de no trabajar a los trabajadores del estado para justificar miles de despidos.

Se podría seguir con los ejemplos largo y tendido, pero no dejaría de ser una pequeñísima muestra, simbólica, pero muestra al fin, de la madera de la que está hecha el capitalismo: padecimientos, explotación y opresión por un lado, buenos negocios por el otro.







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