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Red Internacional

Un inglés y un alemán colaborando en el período de entreguerras. Un hito de la historia de la ciencia y una película para reflexionar en la actualidad sobre el quehacer científico.

Lihuen EugeniaRedacción Ciencia y Tecnología

Lunes 14 de diciembre de 2020 | 14:56

Un eclipse solar como el que pudo verse hoy en sudamérica, pero en 1919, fue todo un hito científico cuando un reconocido astrónomo, Arthur Stanley Eddington, se propuso fotografiar y recolectar información del mismo para someter a prueba las predicciones de la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

Según la teoría de Einstein, la masa de los cuerpos produce una curvatura en el espacio-tiempo: a mayor masa, mayor curvatura; y aunque la luz no tenga masa, se ve desviada por dicha curvatura cuando pasa cerca de un astro gravitante.

Esto implica que si nosotros pudiéramos observar la posición de las estrellas que se encuentran detrás del Sol y la comparamos con la posición de las mismas estrellas cuando el Sol no se encuentra interpuesto, deberíamos poder observar una diferencia en dichas posiciones, ya que en el primer caso la luz estaría desviada por el astro solar.

El problema es que solo vemos a las estrellas cuando el Sol no está interpuesto, es decir, de noche, pero no podemos verlas de día cuando la intensidad lumínica del sol opaca a las estrellas que quedan detrás de él. Pero durante un eclipse solar total, la intensidad lumínica baja de tal forma que podemos acceder a la luz de las estrellas detrás del Sol. Los astrónomos lo sabían, y esto le permitió a Eddington proponer su expedición en busca de las placas fotográficas que permitirían tal comparación.

Sin embargo, el razonamiento científico no es lo único interesante de esta historia de la ciencia. Eddington, un inglés, se entusiasma por probar la teoría de Einstein, un alemán, que superaría el marco teórico del gran científico inglés Isaac Newton, y en 1919 ¡plena posguerra!

Einstein y Eddington

Así se llama la película de 2008, dirigida por Philip Martin, que sigue a los científicos, sus dilemas y contradicciones en el período de la Gran Guerra y transmite debates y reflexiones sobre un quehacer científico que reclama universalidad, pero que encuentra impedimentos muy concretos en la competencia entre las potencias imperialistas.

Si bien el contexto es distinto, también en la crisis sanitaria actual prima la competencia y no la cooperación en la carrera por la vacuna, a pesar de que las y los científicos exigen una salida de conjunto, con acceso gratuito y universal, como única vía posible para enfrentar la crisis.

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Bajo la figura de Fritz Haber, químico conocido como el "padre de la guerra química", la película ofrece un debate sobre las implicancias sociales de los avances científicos. Las posturas pacifistas se chocan de frente con la posición de Haber, que trabajando con gases y explosivos, pregunta: “¿Para qué sirve la ciencia si no tiene una aplicación práctica?”

Y resulta que para la máquina guerrerista se desarrollaron industrias enteras en unos pocos años y con avances científicos inéditos como la construcción de la bomba atómica. Esto contrasta con lo hecho en la actualidad frente a la crisis sanitaria, donde los marcos de lo "posible" se estrechan más y más. No solo las investigaciones sobre coronavirus estaban retrasadas por no ser rentables, sino que el Big Pharma protege con patentes sus desarrollos y los países más ricos acaparan la provisión de vacunas.

Como señalan Steve y Hilary Rose, los valores de la ciencia y de la comunidad científica, identificados por Robert Merton, como comunalismo, universalismo, escepticismo generalizado y desinterés se encuentran socavados.

La propiedad intelectual, el secreto industrial, el emprendedorismo científico y en líneas generales una ciencia al servicio de los capitalistas y para la apropiación privada, revitalizan la célebre pregunta de Marx cui bono?, es decir, "quién se benefici".

Volver sobre esta pregunta obliga a deternos en el carácter clasista de la ciencia, que así como es utilizada en función de un sistema de explotación y opresión también puede ser puesta en función de los intereses opuestos, para terminar con este régimen.

Como dice el biólogo e investigador John Parrigton: “La ciencia para mí es lo opuesto: es una fuerza liberadora, pero solo si la canalizamos mediante la revolución, el socialismo, y la usamos para construir un mundo muy diferente.”




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